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martes, 8 de enero de 2013

Sangre de orco

Corrí hacia los orcos. El éxito de mis plegarias a los valar para que mi caballo no huyese fruto del miedo se vería más tarde. Sin embargo, lo que más me importaba ahora era tratar de salvar la vida a los lugareños asediados por las inmundas bestias de Mordor. 

- ¡Socorro!- escuché gritar a un hombre que estaba tendido en el suelo. Las carcajadas del orco que lo acechaba murieron ahogadas en una flecha que le atravesó la garganta. Sin embargo, yo no había armado mi arco todavía. Desconcertado, miré a un lado y a otro. 

Fue un momento después cuando me percaté de quién había atacado. Se trataba de elfos. No eran elfos de mi pueblo, sino gentes de Elrond, sin duda alguna. Allí, lejos de Rivendel, en la oscuridad de aquel día, su presencia fue como un rayo de luz que traía esperanza a aquellas gentes.


- ¡Ayuda!- gritó una mujer que trataba huir de unos orcos con su hijo en brazos. Aquella no era una buena idea, pues los orcos corren llevados por el frenesí de la batalla hasta el confín del mundo. Por fortuna para aquella mujer mi espada fue más rápida y certera que las cimitarras de los orcos que estaban más cerca de ella. 

Tras unos minutos de batalla, y unas cuantas cargas de los elfos noldor, la amenaza había sucumbido. Fue entonces cuando el que hacía las veces de aquel grupo, cuyo nombre era Eäredhel, reparó en mi presencia:

- Raro es encontrar a un hermano sindarin en estas tierras- dijo quitándose el yelmo de plata que le cubría la cabeza.
- Raro, pero afortunado en mi caso- repliqué tratando de evitar dar explicaciones de mis viajes.
- ¿Y qué te trae por aquí, Bindôlin, hijo de Filadut?- preguntó Eäredhel.
- Veo que mi identidad no es desconocida para ti- aprecié con cierta contrariedad.
- Es complicado que así sea, habiendo sido amigo de tu hermano Genodat- indicó el noldo.

Lo que sigue queda para otro relato, pero toparme allí con un amigo de mi hermano no hizo sino avivar el recuerdo de su ausencia. Ciertamente, encontrarme con Eäredhel en aquel lugar y en aquel momento había sido beneficioso, pero ni por asomo sabía cómo iba a afectar a mi vida. De haberlo hecho, tal vez habría decidido volver al Bosque Negro. De momento, pude comprobar que mi caballo yacía muerto por los orcos.

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