jueves, 8 de octubre de 2015

Demasiado fácil

Los gritos en la celda de al lado eran espeluznantes. Casius me miraba aterrado, tratando de buscar algo de apoyo. No pensaba darle ni una palabra de aliento. Ese tipejo había provocado que mi nave estuviera retenida en la bahía de embarque de aquel monstruoso destructor espacial. Me senté en el frío suelo metálico, observando la pequeña ranura de la maciza puerta que me separaba de lo que, a buen seguro, sería un estrecho e interminable pasillo con soldados de asalto armados hasta los dientes. Miré al techo, a un lado, al suelo... Suspiré y traté de imaginarme ante el androide IT-O que el Imperio usaba  para los interrogatorios. No era un pensamiento agradable.


Me dejé llevar por el cansancio acumulado. Incluso llegué a echar una cabezada. La espera estaba siendo larga. No sabría decir cuánto tiempo había pasado, pero la puerta se abrió, y escuché una entrecortada respiración mecánica que no incitaba a nada bueno. Sin embargo, la alta figura negra que emitía aquellas inquietantes exhalaciones pasó de largo. Casius y yo nos miramos perplejos, para percatarnos de que el Imperio tenía otro destino para nosotros. Entró un oficial imperial en la celda, y ahí empezó una conversación que cambiaría mi vida.

- Sois libres - nos dijo para mi perplejidad y la de Casius.
- No me lo creo - le repliqué rápidamente.- Uno no se despierta en una nave imperial y le dejan salir así de fácil.
- Os he dicho que os marchéis. Ese trozo de chatarra que llamas nave te está esperando en la bahía de embarque.

Me marché perplejo junto a Casius. No me hacía gracia tenerle de acompañante, pero lo que más me preocupaba en ese momento era huir de aquel destructor. Llegamos a la bahía de embarque escoltados por soldados de asalto, y antes de que me diera cuenta estábamos saltando al hiperespacio. Me resultó curioso que Galta fuese la que introdujese los datos del hipersalto. El pobre Walk parecía que estaba algo aturdido. Seguramente, el trato de los imperiales no había sido muy agradable. Nunca lo era con las especies no humanas.


Me interesé por mi tripulación. Allí estaban todos, incluida Kate. Me acerqué a ella sin perder de vista a Casius. Mi extorsionador favorito seguía pálido, digiriendo la cercanía del peligro. El resto no estaban tan afectados. Mientras que Wedge recalibraba el sistema de armas, Jayne empezaba a trastear con el ordenador de la nave. Eran costumbres casi mecánicas que no necesitaban de órdenes por mi parte.

- Ha sido una suerte que nos soltaran, pero también muy extraño, ¿no crees?- me preguntó Kate.
- Sí, demasiado fácil. Creía que no salías de esta. Ni tú ni Galta - añadí.
- Así es. Por fortuna, no deben saber quienes somos - replicó Kate.

Fue entonces cuando me percaté de todo. Por supuesto que el Imperio sabía quién era Kate y sabía quién era Galta. Debían saberlo. Kate había sido muy lista haciendo pasar por muerta a Galta, pero la inteligencia imperial iba siempre un paso por delante de cualquiera. Y estaba claro que sabían que Kate era una desertora. Estaba seguro de que lo sabían. Lo sabía hasta Casius. Casius... Empalideció todavía más cuando nuestras miradas se cruzaron.

- Sucia rata. ¿Quién te encargó enredarme en esto? - le pregunté con ira.
- ¿Cómo? - la mirada esquiva le delató.
- Te contrató el Imperio. Era una farsa. No había nada que robar. Sólo necesitaban atraparnos, tener acceso a mi nave para localizarnos... - hice una pausa- Galta ¿qué rumbo has fijado? - le pregunté temiendo la respuesta.
- Vamos a ver a mi contacto de la Alianza. Es importante - se excusó.

Salimos del hiperespacio. Allí estaba una pequeña flota rebelde. El Imperio no tardó en llegar.