Podría esgrimir muchos argumentos para ello, pero lo que empujó a dirigir partidas fue que mi grupo me desesperaba. El director de juego se iba rotando, con el enorme fallo de que su pj se incluía en la partida, razón por la cual uno no podía dejar de pensar que no despegarse de ese personaje era sinónimo de suerte para el pj propio. Además de este aspecto, los directores de juego con los que trataba eran muy blandos tanto con las normas como con según qué pjs.
Ya sabéis que no soy un seguidor enfervorecido de las normas (Siempre viene bien que el director de juego haga alguna que otra jugada o artimaña que apoye la historia), pero aquello era ridículo. Gente que no se sabía las reglas, que no se preparaba las historias nada ni había tenido en cuenta las características de los pjs para adaptarla, o que simplemente pasaban de darle una cierta carga o argumento a la aventura. El día que mis nervios explotaron fue aquel en que el medioelfo explorador dijo aquello de "Mi pj se queda disparando con el arco a los orcos mientras que los guerreros se pegan de cerca con ellos, pero al mío no le atacan". El director de juego lo permitió, y a mí me dieron ganas de decir "Bien, pues me cojo el libro y no juego", al más puro estilo scatergories con lo de pulpo como animal de compañía.
