miércoles, 4 de abril de 2012

Mi visita a la Ciudad del Lago

Tras dejar mi pueblo, lo más sencillo para mí era acudir hacia el este. Allí, siguiendo río abajo,  la  ciudad más cercana era la del Lago. Durante mucho tiempo la gente de mi pueblo estuvo mal vista en esta tierra de hombres. Por ello, durante mi viaje, traté de ocultar mi naturaleza elfa con el clásico atuendo de los míos. Cubría mi rostro y mi cabeza con una capucha negra, oculté mis armas tras mi capa de igual tono, y comencé a inspeccionar el lugar.

Era un día de fiesta, o al menos así lo parecía. Banderolas de colores adornaban las calles, que estaban siendo engalanadas por múltiples hombres vestidos de vivos tonos. Allí donde miraba, la alegría desbordaba a los presentes. "¡Viva la fiesta del Sol!" gritaban los lugareños. Mis conocimientos sobre las costumbres locales no eran muy extensos, pero juraría haber oído a mi padre hablar de aquella celebración, que venía a rendir tributo al Sol de la Tierra Media. Una fiesta pagana, a ojos de los míos, de la que no me costó tiempo ser partícipe.

"Elfo, ven aquí y bebe cerveza y vino con nosotros" Aquella frase, que dejó en evidencia mi poca pericia a la hora de ocultar mi identidad, me hizo pensar que tal vez mis prejuicios me habían podido en aquella ocasión. Analicé la situación con más detalle, viendo la felicidad que irradiaba el lugar. Todo aquello me hizo sentir extraño, ya que por primera vez en mi vida los hombres me acogieron como uno más de ellos.

Me senté junto a ellos, que eran un total de cinco. Ninguno de ellos podía suponer lo mucho que mis ojos de elfo habían visto, pero más que eso, me impresionó las múltiples ideas que tenían sobre mi pueblo. Más de una carcajada emití con aquellas suposiciones erróneas que atesoraban. Cerveza tras cerveza, vino tras vino en mi caso, dejamos caer el Sol, y la Luna se adueñó del cielo. Hice noche en casa de uno de ellos, algo que cambiaría mi vida para siempre, aunque eso, es otra historia.