jueves, 10 de noviembre de 2011

Muerte élfica

Desperté en mitad de la noche. Poco a poco, la mortecina luz de la luna vino a mostrarse ante mis ojos. No podía moverme, pues estaba atado de pies y manos. A mi alrededor podía notar la presencia de al menos una decena de orcos. El olor a elfo también impregnaba la rústica choza sin tejado en la que estaba cautivo. Pronto reconocí el familiar aroma de mi hermano Genodat, así como el de mi tío.

- Por fin despiertas. Casi creía que te tendría que matar estando inconsciente. Sería una pena que no sufrieras, querido sobrino- me dijo secamente mi tío.

-¿Qué demonios pasa aquí?- vociferé al escuchar aquellas malignas palabras.

Las risas de los orcos situados a mi alrededor retumbaron en mi dolorida cabeza. Mi sangre hervía, y las palpitaciones de mi corazón aumentaron sin medida. No había que ser muy listo para percatarse de que existía un traidor en mi pueblo, y que no era otro que mi propio tío. Traté de maldecir, pero recibí una sonora bofetada de un orco pocos segundos después de haber sido puesto en pie por la fuerza.

- ¿Cuánto llevas planeando esto? ¿Por qué demonios lo haces?- le pregunté con tono arisco.

- Mi ciego y adorado sobrino, estoy harto de ser uno más en el reino de Thranduil, y pretendo conquistar nuestro reino en muy poco tiempo. Desafortunadamente, no vivirás para verlo, querido sobrino.

Mi cuerpo se estremeció una vez más. Un frío intenso como jamás había sentido me atravesó dejándome paralizado. Noté cómo mi corazón dejaba de latir y la vida abandonaba mi ser. Tan sólo pude ver una daga impregnada en lo que sin duda era aquel veneno mortal que nos había llevado hasta allí. La oscuridad y el frío hicieron presa de mí abandonándome en lo que suponía que sería un sueño eterno. Me desplomé mientras escuchaba un eco familiar en la lejanía del viento.

Respiré de nuevo y abrí los ojos. La primera bocanada de aire tras aquel momento en que mi vida corrió peligro, fue punzante, casi tan hiriente como el veneno que había penetrado en mi cuerpo. Cuando recuperé por completo el sentido, vi ante mí a la elfa silvana más bella que mis ojos me hubieran revelado jamás. Su rizado pelo, tan largo que le llegaba hasta la cintura, era un marco incomparable para sus hermosos ojos almendrados. Gilglin era el nombre de aquella elfa, que vino a tranquilizar mi espíritu con su cálida voz.

- Todo ha pasado- me dijo delicadamente.- Te repondrás en pocos días.

Eché un vistazo a mi derecha, dónde yacía mi tío inerte. Un poco más allá, mi hermano envainaba su espada con rostro cansado. Dirigí mi mirada de nuevo a Gilglin, en busca de una explicación a todo aquello.

- El rey Thranduil envió a varios de sus mejores hombres para acudir en vuestra busca. Tu tío no tenía lacayos lo suficientemente fieles como para guardar su secreto. Atacaron, y logramos sonsacar a uno de los orcos el remedio para el veneno. Al parecer, tu tío enloqueció producto de él. Pensaba que lideraba a los orcos, pero no era más que un títere en sus manos.

Asimilé todo aquello del modo más rápido que pude. Mi corazón se estremecía ante la pérdida de mi tío, pero no podía dejar de pensar en los elfos caídos. Cerca de mi posición, a pocos metros del cuerpo sin vida de mi tío, varios de mis más apreciados amigos habían dejado su vida. Aquellas muertes pusieron fin al más triste de los episodios de mi juventud.

2 comentarios:

Haco dijo...

Si bien es más que plausible que un miembro de los pueblos libres se convierta en un traidor para la sombra me asombra que un elfo pueda ser un traidor y no me avaba de encajar en mi concepción del mundo de Tolkien, se que en muchos relatos aparecen elfos con una moral un tanto incorrecta, pero casi nunca hacia su pueblo, más bien siempre aparecen como ignorando la ayuda a pueblos mortales. ¿Tu lo crees lícito que los enemigos en aventuras ambientadas en la Tierra Media aparezcan elfos traidores? He visto que en alguna de tus partidas así sucede y por eso no me han acabado de convencer.

Bindôlin dijo...

Gracias por comentar, Haco.

No veo tan infrecuente en la obra de Tolkien que los elfos se traicionen entre sí, al menos no en toda ella.

Por ejemplo, en el caso de El Silmarillion, se narra la batalla de Alqualondë entre Noldor y Teleri. Posiblemente, sea más propio de una parte más oscura de la obra de Tolkien, menos "luminosa" que El señor de los anillos.

En mi relato y mis aventuras para MERP, el uso de elfos malvados no es sino otro ejemplo más de cómo la codicia y la maldad pueden corromper todo tipo de seres. De hecho, los propios orcos son elfos corrompidos por Melkor.

Por todo ello, creo que sí que se puede emplear de vez en cuando la figura de elfos malvados, aunque en un contexto de corrupción, como el asentamiento del Nigromante en el Bosque Negro reflejado en mi relato.

Un abrazo.