jueves, 13 de diciembre de 2012

Huida sencilla

Desperté oculto tras unas cajas situadas en la bahía de embarque. Mi vista, todavía nublada, y mi cabeza, dolorida otra vez más, no me permitían enterarme de lo que ocurría a mi alrededor. Por fortuna, Jayne, con su habitual toque decoroso y buenas formas, me puso al corriente de lo que pasaba. 

- Esos bastardos imperiales todavía tienen a Wedge. Están en la Valley con él para ver si le sacan algo a golpes. Estamos esperando el momento justo para abordarlos y salir cuanto antes de aquí.
- ¿Estamos? - Miré a un lado y a otro para cerciorarme de dónde se encontraban los demás.
- No los verá, Capitán. Están al otro lado de la bahía de embarque.
- Eso nos deja el pequeño inconveniente del rayo tractor.
- No lo creo. - Se dibujó una sonrisa en mi cara cuando vi que Jayne sostenía el sistema de autodestrucción del cargamento de nuestra nave.  
- ¿Cómo ha llegado nuestro cargamento hasta el reactor del rayo tractor? - le pregunté extrañado una vez comprendí lo que hubo ocurrido.
- Será mejor dejar esa explicación para más tarde. Es nuestra oportunidad.


Salimos de nuestro escondite y corrimos hasta la Valley. En ese momento no tenía muy claro ni cómo había logrado Jayne llevar la carga hasta el reactor del rayo tractor, ni por qué había tan poca vigilancia en la bahía de embarque. Sólo había una cosa segura: debíamos huir.

Subimos como una exhalación y cogimos desprevenidos a los soldados de asalto y al oficial, que estaban interrogando a Wedge para les diese información sobre nuestros clientes. Al parecer, realizar la "entrevista" en la nave del prisionero era una práctica mejor vista que torturarlo en una celda. Tras dejar noqueados a los soldados de asalto, pude ver por fin la cara del oficial. Me quedé petrificado.

- Vámonos de aquí, Rick - me dijo como si aquella frase tuviera sentido pronunciada por una oficial de aduanas del Imperio.

Se trataba de Kate. No podía asimilar ni cómo ni por qué estaba en la Valley. Vacilé por un momento, miré a Jayne y los demás, que me observaban como diciendo "Es de fiar, no hay tiempo para explicaciones", y dejé escapar toda mi desconfianza.

- Atadla y vayámonos cuanto antes- ordené con el más duro de mis tonos de voz y el mayor desprecio posible en mi mirada.
- Rick, te equivocas- me dijo Lans mientras lanzaba rampa abajo a los soldados noqueados.
- ¡Vámonos!- ordené con mayor furia - Jayne, la bomba para el rayo tractor.

No había ni terminado la frase cuando la bomba estalló, o al menos así debió hacerlo, ya que la Valley volaba sin problema y sin que el rayo tractor nos frenase. Tras pensar detenidamente, me acerqué al puesto de piloto. 

- Walk, sácanos de aquí. Volvamos a casa- le ordené sin fuerzas en la voz. Debía recapacitar.
- Vamos a Coruscant- me replicó él.
- ¿Cómo? - pregunté perplejo.
- Galta está viva- dijo Kate, que estaba a mi espalda y libre de ataduras o esposas.
- Te dije que te equivocabas - apostilló Lans.