jueves, 26 de marzo de 2015

Nunca te fíes de un mandaloriano

Abrí los ojos y no tuve más remedio que entrecerrarlos. El sol, un sol abrasador como pocos, me cegaba por completo. Rápidamente me di cuenta de que no estaba en ninguna instalación imperial, y que ni siquiera podía estar seguro de encontrarme en algún planeta que hubiera visitado antes. 

- Tatooine -escuché a mi lado izquierdo. La voz era inconfundible. Se trataba de Kate, y no dejaba lugar a la duda: estábamos en aprietos, una vez más.

No articulé palabra alguna ni pedí explicaciones, pues era evidente que Fett nos había traicionado y nos había entregado ¿al Imperio? No, eso no podía ser. Trataría con el Imperio y sacaría provecho. De eso estaba seguro. Pero ese mandaloriano tenía algo de honor, y no había recompensa por mí del Imperio. No la había del Imperio pero a lo mejor... Entonces caí en la cuenta: Bagter. 


No habéis oído todavía mi desencuentro con Bagter. No me gusta que me tomen por tonto, y resulta que Bagter lo intentó tiempo atrás. Era un negocio fácil, demasiado a decir verdad, para hacerte sospechar, sí, pero no me paré a decidir si debía rechazar el encargo. Tenía que llegar a Coruscant, recoger unas cajas de un senador y llevarlas a su planeta natal. Todo fue como la seda, sin altercado alguno, hasta que llegué al planeta en cuestión. 

La vida de un contrabandista es dura, ya lo sabéis, y la cosa se torció tras hacer la entrega. Un pelotón de soldados imperiales estaba esperando, con todo listo para volar por los aires la Valley si hacía falta. ¡La Valley! Amo esa nave más de lo que he amado a todas las mujeres que ha habido en mi vida, y posiblemente más de lo que me ame a mí mismo. Algo me hizo hervir la sangre cuando vi que mi montón de chatarra corría peligro. La solución era fácil, así que no me quedó más remedio que colaborar y decir quién me había hecho el encargo. 

El resto lo podéis imaginar, pero ya os lo resumo: Bagter me odia porque uno no puede pasar varios años en una cárcel imperial sin odiar al tío que "te metió" en ella. No le culpo por ello, yo también le odiaría si fuese el caso. De hecho, ya le odiaba antes de trabajar con él. La vida de un contrabandista es dura, ya lo sabéis.