jueves, 26 de mayo de 2016

Jefes "imposibles" de Final Fantasy: Ente Omega, de FFVIII

Tiempo atrás daba una serie de razones para no acabar con Arma Esmeralda y Rubí en Final Fantástico VII. Como resumen, y teniendo en cuenta el sistema de materia y el nivel medio de los enemigos de ese juego, estos rivales eran los únicos que merecían la pena, y no compensaba matarlos por la escasa cantidad de AP a recibir. 

Hoy busco otro enfoque en los siguientes Final Fanatasy con estos jefes "imposibles". No me extenderé mucho en la saga, pues sólo analizaré las entregas VIII, IX y X de la misma, así que tened en cuenta que todavía quedarán bastantes juegos de Final Fantasy con jefes "imposibles" por analizar.

Antes de nada, hay que aclarar que lo de "imposible" es muy relativo. Todo rival en Final Fanatasy tiene una estrategia para ser derrotado, o al menos un patrón necesario para hacerle frente: echar horas al entrenamiento de los personajes. Sin esas horas, y salvo honrosas excepciones, no hay mucho que hacer.

Ahora sí, vamos con FFVIII. Los más viejos del lugar habrán disfrutado de este juego en PSOne. En este juego, el jefe "imposible", Ente Omega, está situado en el castillo de Artemisa. La primera cuestión a tener en cuenta es que había que recuperar las habilidades perdidas al llegar las castillo. Para ello era necesario acabar con distintos jefes del propio castillo. Hecho esto, uno podía plantearse enfrentarse a Ente Omega. 



La estrategia para enfrentarse a Ente Omega podía basarse en los G.F., y que fuese lo que Eru quisiese, o emplear la fuerza bruta con Técnicas especiales como Kiai o Samurái. Esta segunda vía, que era la que yo usaba para todo el juego, tenía a su vez sus taras y sus trucos. 


La primera tara era la aleatoriedad de las técnicas especiales. Salvo Kiai, que en manual provocaba enormes destrozos que permitía hacer muchos ataques del tirón, las técnicas restantes podían ser una castaña o una barbaridad. Por ejemplo, Samurái. Si a Squall le daba por usar Súmmum, lo cual era aleatorio, podía hacer infinidad de ataques hasta unos 200.000 puntos de daño. Sin embargo, otro combo posible apenas atacaba cuatro o cinco veces. 

El caso de Rinoa era similar. Angelo podía hacerte invulnerable cierto tiempo, al más puro estilo de Gran Evangelio, o hacer un ataque único. La diferencia era abismal, tanto a nivel práctico (la batalla podía ser muy larga contra este jefe de vida descomunal), como para lo que se venía encima. Otra cuestión a tener en cuenta eran los ataques especiales de Ente Omega. Daba igual lo fuerte que fueran tus personajes, su ataque especial descarga sísmica te quitaba la friolera de 9.998 puntos de vida. Vamos, que te mataba hasta un resfriado después de eso. Pero no se quedaba en eso, porque metaenergía te dejaba seco, sin más. A día de hoy sigo sin ver la lógica a estos ataque, porque una cosa es que puedas hacer un jefe "imposible" y otra es el mal por el mal. 

Y para terminar con Ente Omega, rizamos el rizo. Ya hemos hablado de la forma "difícil", pero también había una forma muy fácil. Simplemente se necesitaban sales heroicas o sacras, un objeto que te hacía invulnerable.  Ciertamente, tener sales sacras o heroicas requería suerte y la habilidad objetos raros, o perder la carta de Laguna para convertirla en 100 sales heroicas. Para los que hayáis jugado a FFVIII, recordaréis el Triple Triad como un juego de cartas con una basta colección que completar. Es similar (aunque mejor en mi opinión) que el juego de cartas de FFIX. La verdad es que perder la carta de Laguna no es muy aconsejable que digamos para obtener las dichosas sales. Así pues, pasamos de un jefe difícil, a un paseo por el campo. Eso tampoco era... 


Pues bien, amigos de la caverna, y os preguntaréis a qué nos conduce todo esto. Pues muy buena pregunta. Derrotar a este bichejo nos daba... ¡un diploma! Menudo regalazo/recompensa. Al final, yo le dejaba ahí, por si quería una batalla seria. Vamos, como con Arma...