Subí al cuervo con fingido desinterés, como aquella primera vez en
Deralia. Sin embargo, podía apreciar la belleza de aquella nave en cada
modificación realizada por Jan. El hiperimpulsor jamás fallaría como en la huida
de Alderaan. Casi nos fríe esa maldita estrella de la muerte, y me prometí que
no volvería a subir a aquella nave sin que hubiesen hecho algo al respecto.
- Esto es lo que creo que es, ¿Verdad?
- Sí, cristales de sables de
luz.
- No es frecuente encontrarlos, y menos aún en tanta cantidad. ¿Dónde los habéis
conseguido?
- No hemos sido nosotros. Este es un cargamento interceptado al Imperio por la Alianza.
Eché un vistazo a la caja que contenía la mercancía. Ni un sólo
símbolo imperial. Nada que indicara que aquellos cristales habían estado a bordo
de nave alguna de los lacayos del Emperador.



