jueves, 7 de mayo de 2015

Viejas deudas, peligros futuros

Su estúpido bombín seguía adornando su cabeza de chorlito. Le recordaba algo más grueso, pero supuse que las raciones en las prisiones imperiales no habían mejorado desde mi última estancia en una de ellas. 

Me miró con desprecio, pero a esas horas yo ya sabía que no me quería ver muerto. Si esa hubiese sido su intención, ya habría estado alimentando a Sarlacc desde hace un rato largo.


- Nos vemos otra vez, Rodgers - se acercó a mí pausadamente, como si quisiera recrearse en ese momento - ¿Cuánto tiempo hace? - me preguntó echándome el aliento encima.

- Yo diría que... - una bofetada calló lo que iba a ser una contestación a la altura de las circunstancias. Ya me conocéis, mi ingenio es superior a mi cautela. 

La tensión se notaba en el ambiente. El silencio sólo era interrumpido por los mugidos de fondo de los Banthas y el sonido de los chispazos de los androides que reparaban vainas. Estaba tan aburrido que me acordé de una historia que se contaba sobre una carrera que había ganado años atrás un mocoso esclavo. Me preguntaba qué habría sido de él.

Tras mucho esperar, todo se precipitó. Bagter recibió cierta información de uno de sus lacayos, un rodiano con mala cara. Asintió y se dirigió a mí con tan mal aliento como la primera vez.

 - Has tenido suerte, Rick - sólo me llamaba así cuando quería hacer negocios. Aquello me traía viejos recuerdos. Detuvo sus palabras, haciéndose de rogar, como tanto le gustaba.

- Suéltalo ya, Casius. No tengo todo el día. 

- No, Rick. No tienes todo el día. Tienes algo más- apareció esa sonrisa fanfarrona, posiblemente muy similar a la que yo mismo usaba con los agentes del Imperio.- Si en tres días no me traes lo que yo te diga de aquí me desharé de tu tripulación - dijo mientras me enseñaba un panel de datos. 

- Buscaré otra tripulación - repliqué sin dar importancia a sus amenazas. 

- Y mataré a Kate - aquello dolía más, pero contuve la ira - y tu nave será mía.

- Bastardo malnacido. Por encima de mi cadáver, sucio piojoso - como bien sabéis, mi nave es mi vida. Me enseñó el panel de datos una vez más. Parecían planos de una instalación imperial estándar, aunque había un nivel más de lo habitual. Le pregunté qué hacían ahí.

 - Piezas para un terror tecnológico - contestó sombrío.