Hace tiempo, allá por el año pasado os hablé en unas pocas líneas de
FFXV. En aquella entrada reconocía la posibilidad de caer en las garras de
Square Enix una vez más. Pues bien, no he caído exactamente, pero hoy os hablo de mi
único regalo friki de estas pasadas fiestas: FFXV. Esta no es una compra compulsiva, ya que la culpable de que me haya pasado
unas 80 horas frente a la tele jugando las aventuras de Noctis y compañía es mi
mujer. Desde aquí un momento para el aplauso y el agradecimiento.
Entrando al tema, y sin querer que esta entrada sea muy larga, os doy unas
pinceladas de lo que me está pareciendo FFXV. La nueva obra de Square Enix nos
pone en la piel de Noctis, el heredero del trono de Insomnia. Junto a él
tendremos que manejar a Prompto, Gladiolus e Ignis, guardias reales y amigos del
protagonista. Sin ánimo de arruinar la trama, pronto se tuerce la idea inicial del grupo
y empezamos a enfrentarnos a una difícil situación para Noctis.
El sistema de juego, superados los turnos propios de la saga, es
muy similar a juegos como Rogue galaxy, cuya banda sonora también me viene a la
mente en FFXV. Así, tendremos que ser relativamente ágiles en la batalla y poner
la atención que en antiguas entregas de la saga era innecesaria. Aún así,
también tenemos la posibilidad de optar por el sistema táctico de batalla, más
similar a la saga clásica, pero que empasta mal.
Cada uno de los personajes se especializa en un arma, que puede ser
acompañada por una secundaria. En el caso de Noctis no hay restricciones de las
armas que puede llevar, y le añade magias que, almacenadas en viales, pueden
equipararse en cualquier personaje. El sistema, bastante similar a otros juegos
de Square Enix, se completa con técnicas de cada personaje, en la línea de los límites de FFVII.