Tiempo atrás os hablaba, y mucho, sobre The Old Republic. La tercera entrega de la saga Knights Of The Old Republic ocupó muchos de mis pensamientos lúdicos, analizando pros y contras, pidiendo opiniones, estudiando la posibilidad de tirarme a la piscina con el juego a pesar de un MMO. Hoy, finalmente, doy carpetazo a este juego. Si queréis saber porqué, no tenéis más que seguir leyendo.
Mi andadura en The Old Republic comenzó de manera intensiva. Con casi 20 días de vacaciones de Navidad, ni que decir tiene que me lancé de lleno a jugar. Horas y horas dedicadas a explorar mundos variopintos, con cada vez más misiones que derivaban en misiones secundarias que llevaban a misiones terciarias... En fin, que os podéis hacer a la idea.
Mi opinión de hoy no se basa en unas pocas horas de juego precisamente. Ni si quiera en un primer acercamiento prematuro. Muy al contrario, en este espacio de tiempo he iniciado tres veces el juego, con distintos tipos de personaje, y con un objetivo firme: divertirme. Sin embargo, este objetivo no ha sido cumplido como debería. He aquí mis quejas:
Me he encontrado más de una y dos veces el juego inaccesible. El mantenimiento de servidores es una cosa, pero cuando uno tiene un bono de X días y el tiempo corre en su contra se pregunta si no le están robando por esas horas y horas que no puede jugar.
Cuando los servidores están operativos, el juego puede no estarlo. Me pregunto si hace falta un ancho de banda de 5 TB, o un ordenador con la mejor tarjeta gráfica del mercado para poder jugar. El juego, como ocurría con su primera entrega, va a saltos más de lo que debiera (acaso nada) y uno no sabe a qué está atacando, qué está atacando o a dónde demonios se está dirigiendo.