Como sabéis, Assassins Creed se ha llevado por delante centenares de horas de mi vida por delante. Es la saga, junto a Final Fantasy, a la que habré dedicado más tiempo en esto de elos videojuegos. Sin embargo, eso no quiere decir que me guste todo, aunque tampoco implica que no me guste nada. Hoy dejo unas reflexiones sobre la saga y su deriva.
De entrada, hay que remontarse al primer Assassins Creed de todos. Un enfoque fresco, que nos metía en la piel de Desmond Miles por un lado, y de Altair por otro. Estos personajes, conectados genéricamente pero separados por siglos, nos dieron la entrada a un universo que, cuando compré el primer videojuego de esta saga, no prometía tanto.
Aquella primera entrega marcaba una forma determinada de "cómo" deberían ser los juegos de esta saga, con un equilibrio entre la época actual y el pasado, enfrentamientos entre asesinos (en principio los buenos) contra los templarios y un objeto (supuestamente singular) como el fruto.
La saga comenzó en las cruzadas y prosiguió con un salto a todos los niveles con un personaje único como Ezio, una ambientación y contexto histórico que enamoraban, y cierta continuidad en cuanto al equilibrio pasado-presente. Es cierto que la jugabilidad se endureció en esas entregas de Ezio (todavía tengo juegos de esa terna sin llegar al 100% de sincronización) pero la sensación era de avance en la saga.
Llegamos a la última entrega de la saga de Ezio, Revelations, en la que si bien seguíamos con una dosis adecuada de lucha de templarios y asesinos, se me hizo un poco insulsa en la historia y todavía más compleja en la jugabilidad.



