jueves, 20 de diciembre de 2012

Diario de campaña: Star Wars d6 (IV)

Continuando con el relato de la campaña de La Guerra de las Galaxias: el juego de rol que estoy desarrollando con mis primos, os puedo contar que el grupo seguía escuchando gruñidos detrás de más cajas de la sala. Al parecer, no habían logrado retirar todas. Cornelia, ante el asombro de todos, se dipuso a moverlas ella misma. El ímpetu que demostró fue tan grande que se golpeó la cabeza al rebotar las cajas contra la pared. Por fortuna, estaban vacías.

Mientras que Cornelia trataba de reponerse, y considerando que la programación de R2-F5 todavía no estaba del todo desarrollada, Kyle hizo las veces de técnico. La puerta, de baja seguridad, emitió un sonido afirmativo de apertura. A pesar del rápido éxito cosechado, Jaden, el cazarecompensas, reflejaba en su cara cierto gesto de desencuentro por no haber empleado algún método más violento de apertura, como una granada o un disparo con su bláster de repetición. 


Sea como fuere, el grupo vio un pequeño alienígena que se lamentaba en el suelo. Un rápido vistazo, y un buen conocimiento de razas galácticas, permitió a Cornelia deducir que aquella criatura era un Ewok. Kyle se aproximó al pequeño aborigen de Endor para comprobar que precisaba atención médica. Tras vacilar, finalmente Kyle gastó uno de sus medpac para curar a la criatura. 

lunes, 17 de diciembre de 2012

Tierra de orcos

Mi caballo relinchó de manera estruendosa. Bajo el intenso sol de la mañana, la bestia parecía decir basta. A juzgar por su ritmo, cada vez más pausado y dubitativo, el esfuerzo de más de seis horas trotando había sido excesivo. Pensé durante unos minutos qué podía hacer. Dejar el caballo a un lado e ir a pie parecía una locura. El clima en esa zona de la Tierra Media no lo aconsejaba. Sin embargo, no quedaba muy distante la ciudad más cercana. 


Bajé del caballo, y compartí con él mi odre de agua. El animal hubiera querido beberse todo el contenido. Sin embargo, aquello sólo habría demorado su marcha en espera de más líquido. Relajé al equino acariciando su crin, y le forcé a seguir la marcha a paso lento, aunque esta vez yo iba caminando para aliviar a la bestia.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Huida sencilla

Desperté oculto tras unas cajas situadas en la bahía de embarque. Mi vista, todavía nublada, y mi cabeza, dolorida otra vez más, no me permitían enterarme de lo que ocurría a mi alrededor. Por fortuna, Jayne, con su habitual toque decoroso y buenas formas, me puso al corriente de lo que pasaba. 

- Esos bastardos imperiales todavía tienen a Wedge. Están en la Valley con él para ver si le sacan algo a golpes. Estamos esperando el momento justo para abordarlos y salir cuanto antes de aquí.
- ¿Estamos? - Miré a un lado y a otro para cerciorarme de dónde se encontraban los demás.
- No los verá, Capitán. Están al otro lado de la bahía de embarque.
- Eso nos deja el pequeño inconveniente del rayo tractor.
- No lo creo. - Se dibujó una sonrisa en mi cara cuando vi que Jayne sostenía el sistema de autodestrucción del cargamento de nuestra nave.  
- ¿Cómo ha llegado nuestro cargamento hasta el reactor del rayo tractor? - le pregunté extrañado una vez comprendí lo que hubo ocurrido.
- Será mejor dejar esa explicación para más tarde. Es nuestra oportunidad.


Salimos de nuestro escondite y corrimos hasta la Valley. En ese momento no tenía muy claro ni cómo había logrado Jayne llevar la carga hasta el reactor del rayo tractor, ni por qué había tan poca vigilancia en la bahía de embarque. Sólo había una cosa segura: debíamos huir.