Hace unos días estaba de visita familiar en casa de mis suegros. Como de costumbre, preparé mi kit de supervivencia, que suele consistir en un libro que mi mujer considera friki (cosa que suele ser verdad) o en alguna serie para ver en la tablet.
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| Locos peligrosos a punto de destruir el mundo |
Yo estaba a mis cosas, leyendo con atención sobre la vida en el Muro, cuando mi mujer le dijo a mi suegra que tenia un blog de juegos de rol. La reacción de mi suegra fue muy clara "¡Ay!" pero más claro para mi mujer era lo que se le estaba pasando por la cabeza a su madre. Rápidamente, mi mujer la tranquilizó "Pero jugar a juegos de rol no es malo. Había unos tíos que jugaban y que estaban zumbados, pero no tienen nada de malo".
Me paré a pensar un poco en lo fácil que es criar fama, y cómo afecta eso a los juegos de rol. Es curioso que la gente asocie todavía los juegos de rol con lo que lo asocia (tú, querido lector, sabes de qué hablo). En este país es algo que ocurre muy a menudo: salta una noticia sobre algo y la gente no sigue su evolución ni ve más a allá del titular. Es como los casos en que a alguien le imputan un delito y finalmente sale absuelto. A nadie le importa que se demuestre que es inocente, pues se quedan con la idea de que ya son culpables. Es lo que en Derecho se llama "pena de banquillo".