Hoy profundizo más en Assassins Creed: The Ezio Collection (ACTEC). Los días pasan y ACII ya es historia en mi PS4. Con trofeo de Maestro asesino incluido, el juego me ha regalado la misma experiencia de juego que en PS3, con ese lavado de cara no muy meticuloso del que os hablé hace una semana.
No hay que destacar demasiado en ACII. El supuesto contenido añadido, consistente en la cripta de los Auditore, la batalla de Forli y la hoguera de las vanidades, ya estaba en mi retina, en mi experiencia de juego en la PS3, y en mis trofeos. Sin embargo, esta vez me parecieron más sencillas que entonces. Debe ser que el efecto sangrado ha hecho mella en mí.
Dejando atrás ACII, llego a Brotherhood. Me sigue frustrando que los puntos de control sirvan de bien poco. Por ejemplo, si el objetivo secundario es no ser descubierto y tenemos la mala suerte de que nos pillen, de nada sirve tener un punto de control que no se puede cargar. Tampoco vale dejarse matar porque, obra del destino y la mala pensada original del juego, el fallo en la sincronización completa persiste. Cargar el punto de control, lo cual ya es una herramienta presente en los AC más recientes, le habría venido de perlas a Brotherhood.

