El sable del sith se precipitó contra el suelo. Al golpear la dura roca de la mina todavía humeaba. Katarn había logrado desarmar al sith con relativa facilidad, demasiada a decir verdad. Recogió el sable del sith del suelo, se lo colocó en el cinturón y ne dirigió la mirada sin dejar de apuntar su sable a aquel jedi oscuro.
- No soy jedi. No lo soy - me apresuré a decir todavía confundido.
Se hizo el silencio durante unos instantes que parecieron años. De repente, el sith comenzó a carcajear. Su risa, aquella tenebrosa risa, resonaba con fuerza gracias al eco de la mina.
- ¡Basta! - reaccionó irascible Katarn - Más vale que te expliques.
- Tu compañero es un jedi, aunque él no se acuerde. Sería demasiado pequeño para acordarse de sus días en Coruscant. Seguramente se cerró a la Fuerza para protegerse, pero ahora está volviendo esa conexión, ¿no es así? ¿Qué tiene en la mano? Seguro que tú mismo lo has notado, Katarn.


